El colesterol no es solo dieta: influyen genética, hormonas, edad, estilo de vida y enfermedades
Escrito por Begoña Porta
Coordinadora Médica de IMQ Prevención
El colesterol puede ser un problema grave para la salud. Sin embargo, la dieta no es el único factor que determina su aparición. Existen diferentes elementos, como la genética, que influyen de manera decisiva en cómo se manifiesta. Así que, conviene entender la forma en la que afectan a su desarrollo.
¿Cómo influyen genética, hormonas, edad, estilo de vida y enfermedades en el colesterol?
De entre todos los factores, la genética es uno de los más destacados. Algunas personas tienen una predisposición hereditaria a producir más colesterol del necesario o a eliminarlo con menor eficacia. Un buen ejemplo es la hipercolesterolemia familiar, que provoca niveles elevados de colesterol LDL incluso en jóvenes con hábitos saludables
Junto con lo anterior, las hormonas también desempeñan un papel relevante. Las sexuales, sobre todo los estrógenos, ayudan a mantener altos los niveles de colesterol HDL, aquel que suele denominarse como bueno. Esto hace que las mujeres experimenten cambios en su perfil lipídico tras la menopausia. Asimismo, alteraciones relacionadas con la tiroides pueden afectar de manera negativa al metabolismo de las grasas.
Otro factor relevante es la edad, que influye de forma progresiva en el colesterol. Con el paso de los años, el metabolismo se ralentiza y el organismo pierde eficiencia en la eliminación del exceso de lípidos. Esto explica por qué los niveles suelen aumentar de manera gradual en la edad adulta, en especial a partir de los 40 o los 50.
El estilo de vida es fundamental. El sedentarismo, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el estrés crónico o la falta de descanso pueden alterar el metabolismo y favorecer el aumento del colesterol LDL y los triglicéridos. Por el contrario, la actividad física regular contribuye a elevar el colesterol HDL y mejorar la salud cardiovascular.
Por último, determinadas enfermedades causan un impacto directo en los niveles de colesterol. La diabetes, la obesidad o las enfermedades hepáticas modifican el metabolismo de las grasas, lo que dificulta su control. Incluso algunos medicamentos tienen la capacidad de influir o alterar los niveles.
Otros factores a tener en cuenta
- Tensión arterial elevada. La hipertensión obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo y deteriora de manera progresiva las paredes de las arterias. Cuando la presión arterial se mantiene alta durante largos periodos de tiempo, aumenta el riesgo de infarto, insuficiencia cardíaca o accidente cerebrovascular. Además, la hipertensión suele estar relacionada con otros factores como el sobrepeso, el sedentarismo o una mala alimentación.
- Tabaco. Fumar tiene un impacto muy negativo sobre el sistema cardiovascular. Las sustancias químicas del tabaco dañan los vasos sanguíneos, favorecen la inflamación y reducen el colesterol HDL. El tabaquismo también incrementa la formación de placas en las arterias y multiplica el riesgo cardiovascular, en especial cuando se combina con colesterol elevado.
- Diabetes. Las personas con diabetes presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares debido a las alteraciones en el metabolismo de la glucosa y las grasas. Los niveles elevados de azúcar en sangre dañan las arterias y favorecen el aumento de triglicéridos y colesterol LDL.
Detección precoz y hábitos
La detección precoz es fundamental para prevenir enfermedades cardiovasculares y evitar complicaciones a largo plazo. Sin embargo, el colesterol, en la mayoría de casos, no provoca síntomas evidentes hasta que el daño arterial se ha producido. Así, la persona termina por sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.
Esto puede combatirse mediante controles médicos periódicos, pues permiten identificar alteraciones en el perfil lipídico antes de que generen consecuencias importantes. Las analíticas de sangre son sencillas de realizar y ofrecen información crucial sobre la cantidad y la composición del colesterol, lo que facilita un diagnóstico temprano.
La detección precoz ofrece la posibilidad de actuar mediante cambios en el estilo de vida, que es mejor que tener que recurrir a tratamientos farmacológicos complejos. En muchos casos, modificar ciertos hábitos contribuye de manera significativa a controlar el colesterol. De entre todos, los más recomendables son:
- Realizar actividad física regular. El ejercicio ayuda a aumentar el colesterol HDL y mejora la circulación sanguínea.
- Mantener una alimentación equilibrada. Reducir el consumo de grasas saturadas, ultraprocesados y azúcares favorece un mejor perfil lipídico.
- Evitar el tabaquismo. Dejar de fumar mejora la salud vascular y reduce el riesgo cardiovascular global.
- Controlar el peso corporal. El sobrepeso y la obesidad suelen asociarse a niveles más altos de colesterol LDL y triglicéridos.
- Reducir el estrés y descansar de forma adecuada. El descanso insuficiente y el estrés crónico pueden afectar de manera negativa al metabolismo y a la salud cardiovascular.
En definitiva, mantener bajo control el colesterol no depende tan solo de seguir una dieta. El estilo de vida, las enfermedades que ya se padezcan o la propia genética también influyen. Tener en cuenta los factores que condicionan la vida de la persona es la clave para ofrecer un tratamiento personalizado que sea efectivo.
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