Los principales tipos de quemaduras
Escrito por Araceli Benavides Alonso
Médica de Atención Continuada de IMQ Colón
Las quemaduras son una de las lesiones de la salud más frecuentes en determinados entornos laborales. El contacto con temperaturas extremas como el frio o fuentes de calor, sustancias químicas, electricidad o radiación puede provocar daños de distinta gravedad, tanto que llegan a causar lesiones permanentes leves como cicatrices o acompañar de déficit funcionales que generan incapacidades permanentes. para evitar estas y otras consecuencias, es fundamental conocer sus características, las medidas preventivas más eficaces y los tratamientos adecuados según el caso.
Tipos de quemaduras
Las quemaduras pueden clasificarse en función del agente que las causa o de la profundidad de la lesión. Si se confunden ambos aspectos, el riesgo de que la lesión aumente de gravedad se eleva. Al fin y al cabo, podrían aplicarse tratamientos poco o nada efectivos, junto con otros que agraven el problema.
Los principales tipos de quemaduras son los siguientes:
- De origen térmico: se producen al entrar en contacto con llamas, superficies calientes, vapor, líquidos a alta temperatura o materiales incandescentes. Son muy habituales en sectores industriales, hostelería y construcción.
- Químicas: aparecen cuando la piel o las mucosas se ven alcanzadas por ácidos, bases, disolventes u otras sustancias corrosivas. La gravedad depende del producto, la concentración y el tiempo de exposición.
- Eléctricas: tienen su origen en el paso de una corriente eléctrica a través del cuerpo humano, que genera una resistencia. Aunque las lesiones externas pueden parecer leves, existe riesgo de daños internos importantes.
- Quemaduras por radiación: se producen por la exposición a radiaciones ultravioletas, infrarrojas o ionizantes, que están presentes en trabajos industriales o sanitarios, por poner dos ejemplos.
Además, de la anterior clasificación, se tiene en cuenta la profundidad de la lesión:
- Primer grado: afectan tan solo a la capa superficial de la piel para causar enrojecimiento, dolor e inflamación leve.
- Segundo grado: dañan capas más profundas que en el primer grado y suelen desarrollarse ampollas.
- Tercer grado: destruyen todas las capas cutáneas y pueden afectar tejidos subyacentes.
- Cuarto grado: alcanzan músculos, tendones o huesos, lo que supone una emergencia médica severa.
¿Cómo prevenir en el trabajo que se produzcan quemaduras?
La prevención constituye la herramienta más eficaz para reducir la incidencia de quemaduras laborales. Una evaluación adecuada de los riesgos permite identificar las fuentes de peligro y aplicar medidas de protección adaptadas a cada actividad.
Lo primero que se debe tener en cuenta es la formación de la plantilla. Las personas trabajadoras deben conocer los riesgos presentes en su puesto y los procedimientos de actuación seguros. Esta preparación ayuda a minimizar los errores durante las tareas diarias, ya que el personal sabe cómo tiene que reaccionar para evitar quemarse o, llegados al caso, la forma adecuada de actuar para tratarse a sí mismos o a un compañero.
También es importante usar de manera correcta los equipos de protección individual. Guantes resistentes al calor o a productos químicos, pantallas faciales, gafas de seguridad y ropa específica son algunos ejemplos representativos que contribuyen a reducir la exposición a numerosos peligros.
Junto con lo anterior, el mantenimiento preventivo de instalaciones y equipos evita averías que podrían provocar accidentes. Conviene revisar de forma periódica maquinaria, cuadros eléctricos, sistemas de aislamiento y conducciones que transportan fluidos calientes. Así, no solo funcionarán de manera óptima, sino que no se convertirán en un peligro para las personas trabajadoras.
Además, las zonas en las que el riesgo de sufrir una quemadura sea alto deben contar con señalización visible y procedimientos de emergencia actualizados. La disponibilidad de duchas de seguridad, lavaojos y botiquines facilita una respuesta rápida ante cualquier accidente que se produzca.
Tratamientos según el tipo de quemadura
El tratamiento de una quemadura depende de su origen, extensión y profundidad. Una actuación rápida ayuda a limitar el daño tisular y reduce el riesgo de complicaciones posteriores.
En función de los tipos de quemaduras identificadas al principio, se debe proceder de la siguiente manera:
- Quemaduras térmicas leves: enfriar la zona afectada con agua corriente durante al menos 20 minutos. Después, cubrir la lesión con un apósito estéril no adherente.
- Quemaduras térmicas graves: requieren asistencia médica urgente. No deben retirarse prendas adheridas a la piel ni aplicar remedios caseros de ningún tipo.
- Quemaduras químicas: eliminar la sustancia responsable y lavar la zona con abundante agua durante varios minutos. La duración del lavado dependerá del producto implicado.
- Quemaduras eléctricas: siempre deben valorarse por personal sanitario. Aunque la lesión externa parezca pequeña, pueden existir daños internos de consideración.
- Quemaduras por radiación: el tratamiento suele incluir medidas para aliviar el dolor, hidratar la piel y favorecer su recuperación.
Según la profundidad, se pueden emplear diferentes opciones terapéuticas:
- Primer grado: cremas hidratantes, analgésicos y vigilancia de la evolución.
- Segundo grado: limpieza de la lesión, apósitos especializados y control de posibles infecciones.
- Tercer y cuarto grado: desbridamiento quirúrgico, injertos cutáneos, tratamiento antibiótico cuando resulte necesario y seguimiento hospitalario especializado.
En definitiva, el riesgo de quemadura no se debe pasar por alto. Conviene identificar las zonas donde el peligro está más presente y disponer de un protocolo de actuación claro para evitar las peores consecuencias cuando la prevención falla.

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